A más de 10.000 kilómetros de San Juan, la devoción por la Difunta Correa también encontró un lugar donde mantenerse viva. En Almerimar, en la provincia de Almería (España), un pequeño oratorio construido por inmigrantes sanjuaninos se convirtió, con el paso de los años, en un punto de encuentro para argentinos y cuyanos que residen en Europa y mantienen intacta su fe en Deolinda Correa.
El origen de este santuario se remonta a 2010, cuando los sanjuaninos Leonardo Di Lernia e Ivanna Haro levantaron una pequeña gruta sobre el camino del Alcor, entre San Agustín y Almerimar. La promesa era sencilla: pedir salud y trabajo en un nuevo país. Una vez cumplido ese anhelo, decidieron dejar allí una imagen bendecida de la Difunta Correa y comenzar una tradición que, con el tiempo, fue adoptada por cientos de personas.
Como ocurre en Vallecito, el agua ocupa un lugar central en la expresión de la fe. Cada día, los visitantes depositan botellas como ofrenda para recordar la sed que, según la tradición, provocó la muerte de Deolinda Correa. Junto a ellas aparecen velas, rosarios, chupetes, peluches, pequeñas casas, bastones y otros objetos que testimonian promesas cumplidas o pedidos de ayuda. El paisaje reproduce, en pequeña escala, una de las imágenes más características del santuario sanjuanino.
La presencia del oratorio llamó la atención de la prensa española. El Diario de Almería describió el lugar como un escenario tan llamativo como misterioso para quienes desconocen la historia de la Difunta Correa. El escritor e investigador almeriense Alberto Cerezuela también documentó este fenómeno, destacando que el santuario recibe visitantes prácticamente todos los días y que su existencia ha despertado tanto curiosidad como respeto entre los habitantes de la región.
No obstante, la convivencia no estuvo exenta de dificultades. Algunos vecinos interpretaron inicialmente el altar como una práctica extraña o vinculada a la brujería, mientras que otros manifestaron su preocupación por las botellas de agua que el viento dispersaba en los alrededores. Pese a ello, la comunidad argentina continúa cuidando el lugar, reconstruyendo las pequeñas grutas cuando sufren daños y manteniendo viva una tradición que nació en el desierto sanjuanino hace casi dos siglos.
El oratorio de Almerimar constituye una de las expresiones más significativas de la internacionalización de la devoción a la Difunta Correa. Demuestra que la fe popular viaja junto a quienes emigran y que, aun lejos de Vallecito, muchos sanjuaninos siguen encontrando en Deolinda Correa un símbolo de protección, esperanza e identidad.
La Meca Vallecito incorpora este episodio para mostrar cómo la historia de la Difunta Correa trascendió las fronteras argentinas y encontró nuevas formas de expresión en distintos lugares del mundo, donde las botellas de agua continúan siendo un lenguaje universal de fe y gratitud.

