Quienes visitan Vallecito suelen dirigir su mirada hacia las capillas, las ofrendas o la histórica gruta de la Difunta Correa. Sin embargo, en uno de los extremos de la Loma del Milagro se alza un elemento que también forma parte de la identidad del santuario: un imponente mástil que sostiene la bandera argentina sobre el desierto sanjuanino.
La historia de esta estructura está ligada a una promesa cumplida. El mástil, de aproximadamente veinte metros de altura y cerca de cuatrocientos kilos de peso, pertenecía originalmente al Colegio Don Bosco de la ciudad de San Juan. Tras ser retirado por cuestiones operativas, fue adquirido por Ángel Farina, quien decidió donarlo a la Difunta Correa en agradecimiento por haber podido acceder a su primera vivienda en 1957.
Su instalación no fue sencilla. Para trasladarlo y emplazarlo en la cima de la loma fue necesario realizar diversas modificaciones técnicas y contar con el esfuerzo de numerosos pobladores que colaboraron para levantarlo. Durante años, el mástil se convirtió además en un punto de referencia para los viajeros, ya que era una de las estructuras más visibles del paraje desde varios kilómetros de distancia.
La historia no terminó con la donación. En la base del mástil aún se conserva una placa colocada por Ángel Farina como testimonio de su agradecimiento. Con el paso de las décadas, la familia continuó manteniendo vivo ese legado. Su hijo Roberto Oscar Farina incorporó una segunda placa y, en 2023, su nieto Roberto Pablo Farina participó en las tareas de restauración y puesta en valor del conjunto. Ese mismo año, acompañado por otros integrantes de la familia, volvió a izar la bandera argentina en la cima de la loma.
Visible desde distintos puntos del paraje, el mástil se ha transformado en un símbolo de la unión entre la fe popular y la identidad nacional. La bandera argentina que flamea junto a la Difunta Correa recuerda que Vallecito también se construyó gracias a miles de promesas, agradecimientos y gestos solidarios de personas que dejaron una huella permanente en el paisaje.
Esta y muchas otras historias sobre los protagonistas, las ofrendas y las transformaciones que dieron forma al santuario pueden encontrarse en La Meca Vallecito, el libro de Cristian Rubia dedicado a reconstruir la historia de uno de los centros de fe popular más importantes de la Argentina.

