Entre las piezas vinculadas a la historia del santuario que actualmente resguarda la Fundación Difunta Correa se encuentra una antigua pintura de Carlos Horacio Quiroga, fechada en 1939. La obra representa a la Difunta Correa recostada en el paisaje desértico, junto a su hijo, evocando la escena central de la tradición de la mujer muerta que continúa amamantando al niño.
La existencia de esta pintura está documentada desde 1944, cuando el escritor mendocino Roque Jacinto Pichetto publicó Brochazos mendocinos. Relatos históricos, tradiciones cuyanas, cuadros de Mendoza, anécdotas mendocinas. Al describir el santuario de Vallecito, Pichetto menciona que dentro del oratorio había “un cuadro del joven pintor Carlos Horacio Quiroga”, que representaba a la “muerta milagrosa con el hijo” junto a ella.
El testimonio de Pichetto tiene especial importancia porque permite saber que la pintura ya se encontraba en el santuario en 1944, apenas cinco años después de la fecha que figura en la obra.
Una imagen temprana de la tradición
La pintura constituye uno de los registros más antiguos localizados hasta el momento de una representación artística de la Difunta Correa. En ella aparecen algunos de los elementos que posteriormente se consolidaron en la iconografía de la figura: la mujer fallecida, el niño junto a su cuerpo y el paisaje árido de la cordillera cuyana.
La obra conservada actualmente presenta, sin embargo, una particularidad que debe ser considerada al analizarla como documento histórico: ha sido repintada con posterioridad. En particular, el vestido de la Difunta fue intervenido y presenta actualmente una coloración diferente de la que pudo haber tenido originalmente. No se conoce cuál era el color colocado por Carlos Horacio Quiroga en 1939, por lo que la apariencia cromática actual no debe interpretarse necesariamente como la original.
La propia documentación de investigación señala esta intervención y advierte que la obra fue repintada con colores diferentes a los originales.
La pintura en la revista Panorama
Más de veinte años después de la descripción realizada por Roque Jacinto Pichetto, el santuario vuelve a ocupar un lugar destacado en la documentación periodística. En agosto de 1966, la revista Panorama publicó “Delirio en San Juan”, un extenso artículo de Carlos Parera dedicado al fenómeno de la Difunta Correa.
El artículo resulta especialmente relevante para reconstruir la historia de Vallecito durante una etapa de transformación institucional. Parera describe aspectos de la administración del culto y de las obras realizadas en el paraje, y menciona a Ramona Oliva de Maldonado, vinculada a la custodia del lugar y de las ofrendas. El propio texto permite aproximarse a las tensiones que rodearon posteriormente la administración y el control del santuario.
La pintura de Carlos Horacio Quiroga, fechada en 1939, constituye así una pieza documental que permite enlazar distintos momentos de la historia de Vallecito: su realización, su presencia en el santuario y su descripción por Pichetto en 1944, cuando el autor señaló que un cuadro del joven pintor evocaba a la “muerta milagrosa con el hijo” amamantándose a su lado.
Actualmente, la obra forma parte del patrimonio que conserva la Fundación Difunta Correa. La pintura fue intervenida posteriormente y presenta una coloración diferente a la original; en particular, el vestido de la Difunta fue repintado, por lo que no se conoce cuál fue el color aplicado originalmente por Quiroga en 1939.
Más que una obra artística aislada, esta pintura constituye un registro temprano de la construcción de una imagen visual de la Difunta Correa, cuando la tradición oral comenzaba a convivir con representaciones gráficas que contribuirían a fijar su figura en la cultura popular.
Fuente principal: Pichetto, Roque Jacinto (1944), Brochazos mendocinos; Parera, Carlos (1966), “Delirio en San Juan”, Panorama, n.º 39; documentación reunida en La Meca Vallecito, de Cristian Rubia Cívico.

